Buscando a un desaparecido

Necesito conseguir la tapa del diario Crónica del 15 de marzo de 1978. Voy a la hemeroteca del Congreso de la Nación, Alsina 1861. Entro, me piden mil datos, me hacen llenar un formulario, me hacen dejar la cartera y el bolso. Paso a otro escritorio, a pocos metros, lleno un nuevo formulario con mis datos, pido el ejemplar. Un muchacho va al fondo, tarda un rato, vuelve con las manos vacías, me dice que no, que no tienen ese año de Crónica, que vaya a la otra dependencia, a ver si está microfilmado el ejemplar que necesito. Vuelvo a dónde había dejado mis pertenencias, el tipo que está ahí me dice que solo Clarín del 78 no está, que Crónica sí, que no lo encontraron porque no lo quisieron buscar, que son unos vagos, que no quieren mover cajas, etc. Vuelvo a donde estaban los muchachos, que habían sido muy amables. Pregunto: “Seguro que no está, o quizá no es fácil de encontrar por algún motivo”, para ser delicada. Uno de ellos, el que no había buscado en primer lugar, va al fondo, vuelve, repite que es difícil de encontrar, que están en mudanza, etc. Digo: ah, como aquel señor me dice que tiene que estar… Vuelven a entrar, y vienen con otro, un joven un poco menos joven. Me dice: “De Crónica no tenemos del ’75 al ’82”. Ah, digo yo, cómo, justo la época de la dictadura, no tienen? El viejo de seguridad escucha la palabra dictadura y enloquece, grita: “Yo no le dije nada de dictadura, eh!”. No, le digo yo, usted me dijo que del 78 tenía que estar, etc. Me preguntan qué quiero ver. A mi pesar, porque entiendo que es absurdo explicar que en realidad fue una masacre, etc, les digo que busco sobre el motín en Devoto, pabellón séptimo, etc. Me traen una carpeta, con un orden por temas. Buscan. No encuentran. Me muestran a mí, que tengo el ojo preparado y encuentro en seguida. Les señalo, y me traen esta carpeta, donde hay unos veinte recortes de notas que no me sirven, porque son en su mayoría de Sierra Chica, muy posteriores a 1978. Me voy con las manos vacías, pensando en qué debería ser una hemeroteca, y lo que es eso que está ahí, en Alsina 1861.
 
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En la búsqueda de las tapas y notas de Crónica post masacre, me fui a las dependencias de la Biblioteca del Congreso, en H. Yrigoyen al 1700, donde están las ediciones microfilmadas. Llego, dejo la cartera y el bolso, ingreso. Son las 16.25. La empleada me dice que no voy a poder fotocopiar, porque hay una sola fotocopiadora, que está en uso por otro lector, y como se la prestan por una hora, y cierra a las 17… Bien, no importa. Pido Crónica. Se fija en un listado: no, Crónica no tienen. Solo Clarín, La Nación y La Opinión. 
Me tomo el 86, llego a Crónica. Le pregunto al señor de mesa de entradas por el Archivo, me responde que está cerrado “hasta nuevo aviso”. Insisto, pregunto quién está a cargo. Me da un teléfono con un interno. Llamo desde mi celular. Me atiende él. Me río, le digo si me pasa con el interno. Llama a alguien, al rato llega un empleado con guardapolvo azul, unos cuarenta y pico, serio. Le explico. Me dice que el archivo está en plena mudanza, que no se puede. Le pido por favor, le explico, no había oído hablar del Indio ni del tema. Pero me dice que sí, que si tengo tiempo para esperar, él me lo va a buscar. Me habla de hora, hora y media. Claro, digo yo. Al rato vuelve con tres grandes libracos, con los ejemplares que busco. Saco fotos, me ayuda. Se llama Sergio, y cuando le agradezco me dice que no, que está bien, que es su tarea y que además le gusta lo que hace, que es un afortunado. Le pregunto si le gusta leer, me dice que sí, le regalo un “La vida como castigo”, que es lo que llevo encima, me da su celular por si necesito algo más, me cuenta que es el único empleado a cargo del archivo, que ojalá pueda ordenar todo en esta nueva mudanza, y que queda a disposición. Y yo me voy, con mis fotos horrorosas a cuesta, pero contenta porque hay gente que ama lo que hace, aunque tenga que laburar en un semi sótano mugriento.
 
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Según denunció su padre ante la Conadep, la persona semidesnuda y herida conducida por alguien que parece un médico, es el uruguayo Jorge Hernández Rodríguez, y la última vez que lo vio con vida fue en esta foto, publicada en la tapa de Crónica del 15 de marzo de 1978. No está en la lista de muertos, ni de sobrevivientes. Está desaparecido.
 
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