Lo que cuentan las presas políticas (I)

Para muchas presas políticas, llegar a la Cárcel de Devoto durante la dictadura implicaba mejorar notablemente su situación. En primer lugar, porque llegaban de lugares donde las condiciones de vida eran aún peores. Y, sobre todo, porque allí estaban “legales”, es decir, privadas de libertad, pero vivas y visibles. Eso implicaba además, que podían ser visitadas por sus familiares, escribir y recibir cartas, organizarse, leer, estudiar… Todo ello, por supuesto, bajo las condiciones brutales que imponía el Servicio Penitenciario Federal. El relato más completo acerca de la vida de esas mujeres está reunido en  “Nosotras presas políticas. 1974-1983” (Soles Secretos Asociación Civil y Nuestra América Editorial, Buenos Aires 2006), un libro que reúne testimonios, cartas y documentación de fundamental importancia para entender cuál era el rol que la dictadura asignaba a la cárcel de Devoto: ser una especie de “vidriera”, mostrable al mundo y a las (escasas) visitas internacionales de inspección:

“Poco tiempo después del golpe de Estado de 1976, y como parte del plan de ‘aniquilamiento de la subversión’, los militares concentraron en el penal de Villa Devoto, en Buenos Aires, Argentina, a las mujeres que nos encontrábamos detenidas en las unidades penitenciarias de todo el país. Su objetivo fue disponer de nosotras según sus necesidades políticas y convertirnos, de esa manera, en rehenes. A partir de ese momento esta cárcel pasó a ser el lugar en el que permanecimos la mayor parte dl tiempo y que, por estar situada en la Capital Federal, fue utilizada por la dictadura para mostrar una imagen de legalidad frente a las presiones que ejercían, en ese entonces, los organismos internacionales de derechos huamnos, razón por la que la llamamos ‘cárcel vidriera'” (“Nosotras…”, Introducción, pág. 21)

Pero, como sucede en todas las instituciones de encierro, con o sin detenidos/as políticos/as, siempre hay una parte “mostrable”, y otra(s) oculta(s):

“En ese contexto la realidad del penal encerraba una clara dicotomía: en lo formal era una cárcel con celdas prolijamente pintadas de celeste y personal que nos trataba de ‘señoras’ y de ‘usted’. Pero, en realidad, se trataba de un sórdido y persistente régimen opresivo cuya máxima expresión fue la sentencia de las autoridades del Servicio Penitenciario Federal cuando nos dijeron: ‘De aquí saldrán muertas o locas'” (Ibídem)

En el caso de los presos comunes que convivían con las presas políticas, no había dicotomía. Los organismos internacionales de derechos humanos no iban a visitarlos y el trato era brutal, como siempre, pero más militarizado, desde el momento en que las cárceles pasaron a ser un engranaje del aparato dictatorial.

Decíamos en un libro en el que análizabamos las “políticas de tratamiento” aplicadas a los jóvenes adultos en las cárceles federales (Claudia Cesaroni: “El dolor como política de tratamiento. El caso de los jóvenes adultos presos en cárceles federales”, Fabián Di Plácido Editor, Buenos Aires, 2009):

El mismo día del golpe, 24 de marzo de 1976, entre otros engendros normativos la Junta Militar produjo la ley 21.267, destinada a garantizar la impunidad de los integrantes de todas las fuerzas policiales y de seguridad, incluyendo obviamente a los servicios penitenciarios. El texto –un solo artículo- es tan escueto como transparente:

Art. 1º) A partir de las 13 horas del día 24 de marzo del corriente año, el personal de las fuerzas de seguridad, de las fuerzas policiales y penitenciarias, nacionales y provinciales, quedará sometido a la jurisdicción militar respecto de las infracciones delictivas y/o disciplinarias en que pudiere incurrir durante o en ocasión del cumplimiento de las misiones que le imponga el comando militar respectivo.

Los objetivos de esta ley son obvios. Por un lado, garantizar la impunidad de la jurisdicción militar para los autores de secuestros, asesinatos, torturas, robos, supresiones de identidad y fusilamientos cometidos “en cumplimiento de las misiones” impuestas por los comandos militares. Por el otro, someter a control de éstos todo lo que sucediera en cada uno de los ámbitos donde las fuerzas de seguridad, policiales y penitenciarias cumplieran funciones. La impunidad y el control férreo de los militares se extenderían sobre los lugares de detención legales, como cárceles y comisarías; y los clandestinos, que en muchas ocasiones funcionaban en espacios de fachada legal. La Escuela de Mecánica de la Armada es el ejemplo más evidente, pero no el único: el informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos producido en 1980, luego de la visita efectuada por sus integrantes en 1979, incluye dentro de los centros clandestinos de detención, el ubicado en “un centro de estudios penales, próximo a la ruta 205 y la ruta al aeropuerto internacional de Ezeiza”1 Duhalde precisa: ese campo de concentración clandestino funcionaba en instalaciones de la Escuela Penitenciaria de la Nación, dependía del Primer Cuerpo del Ejército y tenía funciones claramente determinadas: “Era utilizado como enfermería para prisioneros clandestinos y atención de mujeres embarazadas.2

Poco después, el 16 de junio de 1976, a través del decreto 955 se extendió el régimen aplicable en la Unidad 6 de Rawson3 a los detenidos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional en cualquier establecimiento del Servicio Penitenciario Federal.

En el año 1979 se producen varias normas vinculadas a la situación de los presos, y entre ellas, algunas relativas a los entonces denominados menores y jóvenes adultos, varones y mujeres. La dictadura militar había secuestrado, torturado, desaparecido y asesinado a miles de personas -la mayoría de ellas, menores de veinticinco años de edad-4 durante los años de mayor ferocidad represiva, entre 1976 y 1979. Se trataba entonces, una vez cumplida la parte más importante del trabajo sucio, de consolidar esa ficción de legalidad de la que se hablaba más arriba mediante la creación de normas relativas a la situación de los presos legalmente detenidos. Así recuerda su llegada a la cárcel un ex preso político, que tenía entonces quince años de edad:

La dirección de la caravana de vehículos en los que nos transportaban y luego la certidumbre de acercarnos a los muros del penal, me dieron una tranquilidad que a nadie se le ocurriría imaginar o sentir al entrar a una cárcel. Para mí, para nosotros, el llegar a un penal era, en cierta forma, reconfirmar una certidumbre de legalización, de existencia, de nombre y apellido. Quizá habría que analizar profundamente las palabras del general Jorge Rafael Videla, ‘un desaparecido es alguien que no está, no existe’ y ver su gesto como si humo escapara de sus manos (…) A partir de aquí será posible comprender las paradojas que permanentemente van a surcar este testimonio. Una semi alegría por cada signo que nos diera señal de existencia.5

1 Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Informe sobre Argentina, Capítulo V: Derecho a la seguridad e integridad personal c) Inspección en cárceles y otros centros de detención, 1980.

2 Duhalde, op. cit., pág. 98.

3 Ese régimen se había establecido por el Decreto 2023/74, que disponía el cambio de denominación de la Unidad 6, de “Instituto de Seguridad y Resocialización” a “Instituto de Seguridad”, y la destinaba al “alojamiento de delincuentes subversivos y de los que se encuentran a disposición del Poder Ejecutivo Nacional”

4 Véase: Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, Nunca Más, Eudeba, Buenos Aires, 1984. A partir de las denuncias presentadas ante la Conadep, se estableció una cifra de 8961 personas desaparecidas. De ellas, el 10,61 % correspondía a la franja de entre 16 a 20 años de edad, y el 32,62 %, a la de 21 a 25 años. Duhalde (ob.cit., pág. 198), indica que, entre mayo de 1976 y junio de 1977, 130 adolescentes de entre 15 y 18 años habían sido secuestrados, y que unos 100 conscriptos de entre 18 y 20 años habían sufrido igual destino.

5 Asociación Civil El Periscopio, Del otro lado de la mirilla. Olvidos y memorias de ex Presos Políticos de Coronda 1974-1979, El Periscopio, Santa Fe, 2003, pág. 215.

La cárcel de Devoto, entonces, era “legal”. Con el particular concepto de legalidad, claro, que imperaba luego de que los militares derrocaron el gobierno constitucional:

“La impunidad jurídica alcanzó todos los niveles del accionar militar. Jamás en la historia argentina desde su dictado en 1853, gobierno alguno alcancó tan prolija y consecuente violación de los principios contenidos en la Constitución Nacional, y al mismo tiempo, presentándolo como una legalidad de obligatorio acatamiento. En el expreso terreno del terrorismo de Estado, la primera expresión pública del modelo fue, precisamente, para asegurar la impunidad” (Eduardo Luis Duhalde, “El Estado terrorista argentino”, El Caballito, Buenos Aires, 1983, pág. 103)

Bajo esa aparente legalidad, en una cárcel “vidriera”, convivían presos comunes y presas políticas, durante la dictadura militar iniciada el 24 de marzo de 1976. Se acercaba el año del Mundial, la Argentina sería visitada por miles de periodistas, la vidriera tenía que estar más mostrable que nunca. Pero, poco antes del inicio de la “Fiesta de todos” (Sergio Renán dixit), algo pasaría en el pabellón séptimo de la cárcel de Devoto. Algo terrible, pero que, como “solo” afectó a presos comunes, no llegó a afectar, pese al humo, los gritos y los disparos, la integridad de la vidriera.

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Presos comunes, presos sociales

La primera vez que leí algo sobre el 14 de marzo de 1978, fue en un libro publicado en 1987, con el auspicio del SASID (Servicio de Acción Solidaria Integral de Detenidos), que se ocupaba de los presos “comunes”. Yo conocí a ese organismo cuando militaba en otro, la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, que se ocupaba de los presos “políticos”. De hecho, mi primera actividad en la Liga, cuando comencé a militar en su Departamento Juvenil, fue hacer una huelga de hambre por la libertad de los presos políticos de la dictadura. Era setiembre de 1985, y a dos años de las elecciones democráticas, todavía doce presos varones y una mujer, seguían detenidos en cárceles federales, cumpliendo condenas impuestas durante la dictadura. Hicimos la huelga integrantes de los grupos juveniles de cuatro organizaciones de derechos humanos (Servicio Paz y Justicia, Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos, Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas, y la Liga), y varios dirigentes de las juventudes políticas. La división entre “políticos” y “comunes” era evidente. Las actividades por las que los presos políticos seguían presos no se discutían. Ni siquiera se hablaba de “delitos”. Habían sido combatientes, militantes populares. La mirada crítica sobre las actividades de chorros, homicidas, violadores, drogadictos, por el contrario, alejaba a la mayoría de “los organismos” de sus problemas, denuncias y reclamos. Salvo cuando se producía una protesta colectiva. Y creo que, en esos casos, más por lo que pudiera afectar a los políticos que por el reclamo en sí mismo.

El SASID, entonces, no formaba parte del colectivo de “los organismos”. Estaba integrado por ex delincuentes, no era la clientela habitual.

Daniel Barberis, él mismo ex preso “común”,  publicó el libro “Los derechos humanos en el ‘otro país'” en 1987. Lo prologó y compiló, e incluyó un texto propio, además de trabajos de Luis Frontera, Eugenio Zaffaroni, Juan Carlos Domínguez, Elías Neuman y Alfredo Moffatt.

A lo largo de su texto, titulado “Testimonios del ‘otro país'”, Barberis distingue entre presos comunes y presos sociales: “El término ‘preso social’ no es una manera coqueta de llamar a los presos comunes. No hemos buscado con él una expresión que no hiera los oídos sensibles de la pequeña burguesía. El preso social NO ES el preso común: es un nuevo producto social surgido a partir de 1966 cuando, con el ‘Onganiato’, se instala la DSN (Doctrina de la Seguridad Nacional), profundizado diez años más tarde con el ‘Proceso’. Este nuevo habitante de las cárceles adquiere un perfil más nítido luego del mundial de fútbol del ’78. Hasta ese momento la cárcel estaba llena de marginales dependientes, luego irrumpe en la sociedad carcelaria el marginado social y la reformula, la trastoca, como revolucionan todo lo que tocan -por su dinámica- los marginados sociales (que incluyen en su seno a los trabajadores, expresión viva en la actualidad del fenómeno de marginación social). En el mutuo aprendizaje que compartimos marginados sociales y marginales dependientes nos nutrimos de experiencias diferentes pero complementarias (…) Sin los marginados no hubiese habido principios organizativos en las cárceles, pero sin marginales dependientes conocedores de los códigos y secretos tumberos la tarea probablemente hubiera fracasado (…) En nuestra opinión no debe ser habitual o común el castigo a la pobreza. En el nuevo sistema de valores que hemos adquirido, el preso común no es lo común y hasta tanto la injusticia social no sea desalojada por la igualdad de oportunidades, mientras existan las cárceles y se mantenga el actual concepto penitenciario, hemos de llamar a los habitantes de las cárceles presos sociales”.

Y, luego, cuenta lo qué le pasó a un grupo de esos presos,  el 14 de marzo de 1978: “… la Doctrina de la Seguridad Nacional -vestida de histeria represiva- se cobrará con la sangre y la carne de los presos sociales su parte, en uno de los genocidios con más pruebas para ser aclarados, que ocurrieran durante el ‘Proceso'”. Aún así, quedó impune.”

Barberis define aquello como un genocidio impune, mucho antes de que se hablara de genocidio en algún fallo judicial en nuestro país, y en el mismo año en que se sancionaron las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. Luego, y desde que se anularon aquellas leyes, y los indultos dictados en 1989, comenzó a utilizarse el concepto de “delito de lesa humanidad”, que no prescribe y por lo tanto es perseguible sin límite temporal.

http://www.youtube.com/watch?v=_cheuJc8LKI

Algunos juristas (y fallos) sostienen que lo que hizo la dictadura militar en nuestro país entre 1976 y 1983, fue un genocidio:

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-124769-2009-05-12.html

Otros, que no hubo genocidio, sino delitos de lesa humanidad:

http://derechos.org/nizkor/arg/doc/memo1.html

Pero bajo ninguna de estas figuras se analizó lo que pasó el 14 de marzo de 1978 en la cárcel de Devoto, que, coincidimos con Barberis, quedó impune. ¿Hasta ahora?

 

1979: las presas políticas de Devoto denuncian la masacre

En 1978 convivían en la misma cárcel, la Unidad 2 de Villa Devoto, presos “comunes” y presas políticas. Si bien unos y otras sufrían malos tratos, torturas, hambre y frío, las condiciones de vida eran distintas, principalmente por el nivel de organización que tenían las mujeres, pertenecientes, en su mayoría, a organizaciones con un alto nivel de disciplina, con mayores recursos de todo tipo -no solo materiales, sino fundamentalmente simbólicos: nivel cultural, formación política, compromiso ideológico, convicciones firmes, familias presentes-. Esas mujeres escucharon los gritos del horror, vieron las columnas de humo y escucharon los disparos, el 14 de marzo de 1978. Y, apenas pudieron, lo denunciaron:

DOCUMENTOS DE LAS PRESAS POLITICAS DE LA CARCEL DE VILLA DEVOTO
“SOMOS REHENES DE LA DICTADURA MILITAR ARGENTINA”
* Situacion carcelaria Julio de 1979. Caracteristicas del Penal.
* Condiciones de vida. Alimentacion
* Traslado de Rehenes.
* Regimen represivo , Plan de aniquilamiento fisico y siquico.
* Aislamiento. Requisas. Vejaciones.
* Represalias masivas.
* Complicidad de los Jueces de la Nacion.
* Complicidad del personal medico, sicologos y siquiatras.
* Denuncia. Testimonio.
Consejos de Guerra. Testimonio
Situacion Juridica de las detenidas.
Villa Devoto, Julio 1979
Calle Bermudez 2551
Buenos Aires , Argentina.

SITUACION DE VILLA DEVOTO    Julio de 1979 .
A fines de 1976 son concentradas en la Unidad 2 de Villa Devoto,Buenos Aires,las
presas politicas de todo el Dais, Las trasladadas son objeto de represion y tortura.
Los traslados desde el inteior son llevados a cabo por Personal del Servicio Peniter
ciario Federal especializado. En aviones o por tierra con gran despliegue de fuerzas y al (…) yados por el Ejercito con helicopteros, tanques y perros. En los traslados por avion las mujeres detenidas fueron engrilladas al piso del avion, sin asientos, esposadas y vendadas, debiendo permanecer sentadas y con la cabeza gacha,los brazos en la nuca, sufriendo malos tratos,golpes, insultos y largas esperas sin poder ir al bano. La dùracion de los traslados fueron de 10 y 17 horas.
En Noviembre de 1976 el Penal es visitado por Amnesty Internacional y la Cruz Roja
Internacional.
A principios de 1977, 800 presas politicas se encontraban en Villa Devoto, de las
cuales entre un 35% o 40% se encontraban solamente a disposicon del Poder Ejecutivo Nacional.
CONDICIONES DE VIDA: Las presas politicas se encuentran en su mayoria en”los Pabellones celulares” que son pisos de 22 celdas. Las celdas en que las detenidas pasan 19 horas al dia son de 2,70metros por 2,25, estas cumplen las multiples funciones de bano, comedor y dormitorio:: Hay cuatro’ camas de metal , un pequenisimo armario, una pileta y una letrina, en condiciones higienicas deficitarias. La escasa ventilacion y el espacio reducido asi como la constante falta de agua por cortes, hacen a estos lugares terriblemente insalubres.
Antes del invierno el personal de requisa pasa contando las frazadas, dejando
solo dos para cada una , aun en los casos que estas fueron entregadas por los familiares como refuerzo. Las presas politicas que se encuentran en los”pabellones” sufren el mismo hacinamiento e insalubridad, ya que 22 0 24 detenidas , algunas veces llegaron a ser mas , estan en pabellones de 10 metros por 5,50, con un lavadero-ducha reducido y 3 letrinas, sin un lugar donde colgar la ropa al sol, la ropa esta permanentemente humeda por la humedad del ambiente. El penal no provee elementos de limpieza y desinfeccion en cantidad para conservar las minimas condiciones higienicas.
ALIMENTACION: La comida carece de valor alimenticio por estar hecha con farináceos y demasiado cocida, antihigienicas, la comida es abundante cuando llega en malas
condiciones y muy escasa cuando es fresca. La carne siempre es un pedazo de grasa y hueso,incluso en las dietas para los enfermos. Las dietas son poco variadas, incluyen
permanentemente berenjenas, que estan contraindicadas para enfermas de gastritis, ulceras, hepatitis. Cuando las detenidas presentan quejas porque se entrega comida como para 5 o 7 personas y que debe cubrir la alimentacion de 20 o de 22, las celadoras dicen ” las demas presas tambien deben comer no sea egoista
CARACTERISTICAS DE LA CARCEL DE VILLA DEVOTO: Esta carcel es para la Dictadura Militar un “penal vidriera ” para mostrar a los organismos internacionales ,para esto se le lava la cara pintando el frente y los pasillos, tambien algunos pabellones. Se ajustan formalmente los aspectos que puedan aparecer a la imagen internacional,pero no se dan mejoras reales. Un numeroso plantel de medicas y especialistas hacen ‘acto de precencia”, y una burocracia especializada en numerosos rebros internos, rara vez atienden a los problemas que se presentan. Esta caracteristica de penal”mostrable” no se contradice en absoluto con los planes asesinos de la Junta Militar, por el contrario se adecua con diferentes formas la represion. Hoy Villa Devoto es uno de los centros mas especializados en la represion a las detenidas politicas en lo que a carceles legales se refiere, la tortura sicologica, cientifica y el plan de aniquilamiento fisicoy siquico es una clara muestra del nivel alcanzado por el fascismo en su intercambio con las cruentas dictaduras de Chile, Uruguay y Paraguay, asi como de la propia experiencia represiva de mas de tres anos de Dictadura Militar en la Argentina.
” DE LAMISMA MANERA EN QUE LOS MILITARES HAN LLEVADO EN EL PAIS EL ANIQUILAMIENTO DE LA SUBVERSION, EN LAS CARCELES SE TRABAJARA PARA ANIQUILARLA”
Declaracion publicada en los diarios, hecha por el Director Nacional de Penales
Dotti.-
“SI FUERA POR MI LAS MATARIA A TODAS,PERO TENGO ORDEN DE LOS MILITARES DE ANIQUILARLAS SIQUICAMENTE” ” DE AQUI SALDRAN TODAS LOCAS “.
Frase dicha por el Director de Villa Devoto , Frefecto Juan Carlos Ruiz, a las
presas politicas durante audiencias.
Otros nombres de los siniestros personajes del servicio Penitenciario son ; el al
tuai Jefe de Seguridad: CASAS, el ex-jefe de Area: BERTARLONE, el ex-jefe de Ares:VELIQUEZ,la Sub-ajutora MABEL HUERTA, la Sub-ajutora : BRISICH, la Jefa de requisá ; PIBE1la requisa ;ROSSO; el Jefe Jefe de Area Vidal.
La carcel de Villa Devoto ocupa cuatro manzanas,los edificios mas grandes tienen hasta 6 pisos,aqúi se encuentran detenidos por causas comunes, con procesos y las mujer presas politicas. La carcel de Villa Devoto es considerada la mas segura y con el personal mas especializado en la represion. Es asi que para asegurar el orden y para dar garantias de eficacia, seguridad a los militares el 14 de marzo de 1978. el Servicio Federal Penitenciario lanza una brutal represion sobre los presos comunes., que deja como resultado la msacre de mas de 60 detenidosy un gran numero de quemados en grave estado. El responsable de la masacre fue Horacio Martin Galindez, Jefe de seguridad en esos momentos, los presos comunes relatan los hechos diciendo que se habian negado a salir de los pabellones para las tareas de la cocina y salida a Tribunales,como medida de fuerza por las condiciones infra humanas de vida en que se encontraban. Los guardias dispararon contra los presos en los pabellones,luego prenden fuego en los colchones para que se quemen los cuerpos y no queden evidencias. La version que dan las autoridades es que los presos habian quemado los colchones como forma de amotinarse. La burda mentira fue hecha publica por el Director del Instituto del Quemado, quien denuncio dial despues haber encontrado balas en los cuerpos quemados.

La denuncia completa, aquí:

http://www.pparg.org/pparg/carceles/buenos_aires/capital/carcel_villa_devoto/

De los beneficios de las redes sociales

Había leído esa nota, http://pdf.diariohoy.net/2008/03/14/pdf/trama.pdf, la tenía guardada, sabía que Hugo Cardozo trabajaba en el ministerio de acción social de la provincia de Buenos Aires, pero no tenía idea de cómo encontrarlo.

Hace unos meses se estrenó una película argentina que relata una fuga notable de la cárcel de Devoto, protagonizada entre otros por Hugo “la Garza” Sosa, en 1991: “El túnel de los huesos”: http://www.youtube.com/watch?v=yozPxSoHeso

Poco antes del estreno, me llegó un correo de un amigo al que reencontré gracias al facebook, y con quien habíamos formado parte de las Brigadas del Café a Nicaragua, entre enero y marzo de 1985. En ese correo, Yuyo me pedía a mí y a otras decenas de destinatarios, que vayamos a ver la película, dirigida por un amigo suyo, Nacho Garasino.

A pedido de Yuyo, pero sobre todo porque era una película de cárceles, la fui a ver. La hipótesis que se plantea es que los huesos que se encuentran en el túnel que cavan los presos para escapar de la cárcel, podrían ser de los muertos el 14 de marzo de 1978. Poco después, me hice amiga de Nacho en fb, y le conté mi proyecto. Hablamos por teléfono, me dijo que trataría de ayudarme. La base se su guión era un reportaje que hizo Ricardo Ragendorfer sobre la fuga de Devoto, publicado en Página 30. Me fui al archivo de Página, pero los Página 30 no están allí…

El 25 de agosto Nacho me mandó un mensajito avisándome que en la página de facebook de El túnel de los huesos, Hugo Cardozo había hecho un comentario:

hola me interesa esta pelicula porque soy un sobreviviente del motin de los colchones la voy a ir a ver por ese tema en particular . tendrian que hacer una de ese motin donde murieron 61 presos yo safe hoy a los 53 años lo puedo contar en todos los detalles .un abrazo hugo

Le escribí a Hugo, le conté acerca de mi proyecto, y me contestó en seguida:

…yo hace unos años le mande una carta al entonces presidente nestor fui invitado al ministerio de justicia para tratar el tema pero luego todo quedo en nada .tambien creo que se tendria que investigar como un delito de lesa humanidad . por muchas razones, pero mi falta de tiempo y por vivir en la plata no pude seguir ,en el año 2008 al cumplir treinta años del motin fui invitado por el diario hoy de aqui hacer una nota muy completa de mi historia ,y como paradoja del destino desde hace 24 años trabajo con menores con causas penales asi que desde luego me interesa conversar con vos…

Poco después, nos encontramos en la Confitería París, de La Plata, y Hugo comenzó a contarme.

Ideas propias y formatos ajenos

Las mesas de saldos y ofertas de las librerías de Buenos Aires deparan algunas buenas sorpresas. Paseo por la calle Corrientes, busco, revuelvo, reviso, y encuentro a 12 pesos, un libro que trae en la tapa las imágenes de dos personas pobres. Podrían ser fotos de cualquier sumario policial que se iniciara en Villa Oculta, La Cava o el barrio Carlos Gardel. Pero son dos marroquíes.  El nombre del libro es “Falsos testigos del porvenir. El caso de los condenados por la cara: Abderrazak Mounib y Ahmed Tommouhi”. Lo compro, comienzo a leer un texto detallado, complejo, donde se mezclan casos de enorme repercusión pública -varias violaciones sucedidas en las cercanías de Barcelona, en 1991-, la necesidad de encontrar culpables urgentemente, las deficiencias de las investigaciones judiciales, los prejuicios, la detención de  inocentes. El autor es un periodista español: Braulio García Jaén. Y el libro, antes de serlo, fue blog: www.ladoblehelice.com.

Un sobreviviente, Hugo Cardozo, dio un reportaje al Diario Hoy de La Plata al cumplirse 30 años de la masacre del Pabellón Séptimo de la Cárcel de Devoto, el 14 de marzo de 2008. En ese reportaje, Hugo reclamaba que se reflotara el caso. Hablaba de un delito de lesa humanidad. Leí esa nota mientras pasaba por una crisis laboral. Estaba boyando por diversas oficinas de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, esperando que me asignaran destino. Oficina, silla, computadora y tarea. Lo que yo quería hacer, no se podía: atender las denuncias que llegaban diariamente por la situación en cárceles, comisarías, instituciones de encierro. Denuncias de torturas que se nos indicaba que había que reenvíar a la Subsecretaría de Asuntos Penitenciarios, si sucedían en cárceles federales. Si sucedían en cárceles o comisarías provinciales, tampoco podíamos intervenir. Todos los abogados y abogadas del área jurídica de la Secretaría de Derechos Humanos debíamos trabajar en los juicios por delitos de lesa humanidad, y por una disposición del entonces Ministro Alberto Iribarne (hoy apoderado del duhaldismo malo) se nos designaría como querellantes. Yo no estaba de acuerdo. Quería trabajar en los casos de violencia institucional en los que ninguna área de la Secretaría se inmiscuía: los del presente. Comencé a discutir esas decisiones. Decía: Ya existen una cantidad de organismos de derechos humanos (los llamados “históricos”) con sus equipos de abogados, más las fiscalías federales, más la justicia federal, que, salvo algunas excepciones, trabajan en la misma dirección. La Secretaría de Derechos Humanos podía aportar, pensaba yo, información, documentación, incluso personal de algunas de sus áreas, para garantizar el buen desarrollo de los juicios por delitos de lesa humanidad. Pero… ¿Todo el personal del área jurídica? ¿No se podía destinar una parte mínima para armar un Programa de Prevención de la Tortura, para avanzar en el contacto con las organizaciones que trabajan en el tema hoy, para atender las denuncias de presos y familiares, para trabajar sobre los abusos policiales, para recorrer cárceles y comisarías? No, no se podía. Un alto funcionario dijo, en esos días en que yo pretendía discutir esa cuestión: “Lo que pasa en la cárceles no es de competencia de esta Secretaría!”.  Así que, mientras esperaba que me mandaran a un nuevo destino, leí esa nota. Coincidía con el reclamo de Cardozo: matar y/o dejar morir en un pabellón, dejar que decenas de presos se mueran achicharrados, y fusilar a los que intentan salir, hubiera sido entendido como delito de lesa humanidad, sin duda, si  hubiera pasado en el pabellón de presas políticas de Devoto, o en el pabellón de presos políticos de Rawson. Pero los fusilados y achicharrados eran presos comunes. Chorros, ladrones, drogadictos, asaltantes de bancos. Entonces, eso se denomina “motín”, y pasa. Como pasaron los llamados motines del Penal de Magadalena, en octubre de 2005, del Penal de Varones de Santiago del Estero, en noviembre de 2007, o como van pasando pequeños “motines” de adolescentes, en la Comisaría 1ra. de Quilmes (setiembre de 2004), Comisaría 7ma. de Corrientes (enero de 2006), Comisaría 20 de Orán, Salta (2006 y 2008), y Alcaidía de Menores de Catamarca (setiembre de 2011), entre muchos otros casos. La mecánica es la misma cada vez: luego de un hecho de represión, o en el marco de un reclamo por algo, una persona privada de libertad prende fuego a un colchón a modo de protesta. Quienes tienen la obligación de abrir las celdas, las dejan cerradas. Quientes deberían apagar el fuego, no lo hacen. Los presos mueren quemados o asfixiados. Quizá se procesa a alguien por “abandono de persona”, pero sin demasiado entusiasmo: http://www.momarandu.com/amanoticias.php?a=7&b=0&c=56127

Una copia del reportaje a Hugo Cardozo quedó dando vueltas por ahí. Mientras, yo seguía pasando de oficina en oficina: primero, al “Progama Nacional de Lucha Contra la Impunidad”, un nombre ambicioso para un área creada por el ex Ministro de Justicia Gustavo Béliz, supuestamente para evitar que determinados casos judiciales, de enorme impacto mediático, quedaran impunes. Se me propuso trabajar allí las cuestiones de violencia institucional, presenté proyectos, quedaron en la nada. Otro pase, a otra oficina, esta vez en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). La infelicidad. Seguía inmersa en investigaciones, seguimientos, listados, expedientes, sobre lo que había pasado en la dictadura a una parte de sus víctimas. Mientras, trabajaba en mi libro sobre algunas víctimas del presente: los jóvenes condenados a prisión perpetua:

En abril de 2010 me fui a trabajar fuera del país, como Directora Adjunta de la Oficina para América Latina de la Asociación para la Prevención de la Tortura. En julio se publicó “La vida como castigo”. En marzo de 2011 decidí volver a la Argentina. Y, entonces, el proyecto volvió a tomar fuerza: Escribir sobre la situación de los presos comunes durante la dictadura. Debatir, discutir, sobre lo que entiendo es un doble estándar. Denunciar la falta de atención a lo que pasa, hoy, en los lugares de encierro. Desde el 2004 formo parte del Centro de Estudios en Política Criminal y Derechos Humanos: http://cepoc-cepoc.blogspot.com/ El CEPOC fue el espacio desde el que trabajé los temas que en el Estado no podía: tortura, jóvenes en prisión, justicia penal juvenil, políticas de seguridad. En octubre de 2008, una mujer nos escribió una carta, igual a la que mandó a decenas de otros lugares, pidiendo ayuda. Era la madre de un adolescente al que le habían inventado una causa, la esposa de un preso común, la madre del hijo de ese preso común. Fuímos los únicos (las únicas, esta fue una red casi exclusivamente femenina) que la escuchamos. Dos años después, conformaron la Asociación de Familiares de Detenidos en Cárceles Federales http://familiaresdedetenidos.blogspot.com/

El sábado 10 de setiembre de 2011 conversé durante unas dos horas en la Confitería La Perla de La Plata (7 y 56, las mejores medialunas de la zona, si una no estuviera a dieta…) con Hugo Cardozo y su compañera Claudia. Me contó, a borbotones, algunos de sus recuerdos del horror de aquel 14 de marzo, del antes y el después. Desfilaron en ese relato picanas, golpes brutales, compañeros fusilados. En un momento, se quedó paralizado: había visto la foto del Guampa, su compañero de rancho, en el libro “Los derechos humanos en el otro país“, el primero en el que leí una crónica de aquella masacre, escrita por Daniel Barberis:

Hablamos con Hugo y Claudia de un posible libro, de un intento de reflotar el caso, de buscar a más sobrevivientes. Dijo que quería volver a Devoto, que había leído que pensaban demoler la cárcel, que al menos le parecía que había que recordar a los muertos.

En algún momento, le pedí que suspendiéramos. No había llevado grabador, y ya no podía tomar más notas. Quedamos en volver a vernos en dos o tres semanas.

Y luego, al leer el libro sobre los perejiles marroquíes, se me ocurrió que, mejor que un libro, podía iniciar un blog. Copio ese formato, entonces, para ir relatando lo que podamos investigar y generar, para que la masacre del 14 de marzo de 1978 no quede impune.

Por qué este blog

Desde hace tiempo que vengo pensando en que existe una mirada parcial sobre lo que pasó durante la dictadura militar 1976-1983 en las cárceles argentinas. Del mismo modo que cuesta tanto hablar sobre violaciones de derechos humanos que hoy suceden allí, parece que solo los presos políticos hubieran sufrido malos tratos, torturas y muertes en el lapso en que las cárceles federales estuvieron bajo el mandato de las fuerzas armadas.

Luego de recorrer pabellones, de escuchar testimonios, de denunciar, mostrar y estudiar sobre la cárcel, esa preocupación sobre el modo en que la dictadura había impactado en la vida de los presos y presas comunes, volvió a aparecer.

Entonces, leí sobre el llamado “Motín de los colchones”:

 

Y luego, encontré un sobreviviente:

http://pdf.diariohoy.net/2008/03/14/pdf/trama.pdf

Y más tarde, escuché dos canciones:

http://www.youtube.com/watch?v=WplQnPSDtbw

http://www.youtube.com/watch?v=AUW3LVXIWPo

Y, entonces, decidí comenzar a investigar. Y mi primera decisión fue cambiar una palabra. Ya no “motín”. Vamos a hablar de una masacre. Y lo vamos a hacer en este blog que, ojalá, será colectivo.